Si hemos decidido dejar de fumar y no nos vemos capaces de mantener la decisión debemos valorar la posibilidad de que nuestros familiares y amigos castiguen las conductas relacionadas con el tabaco. La ventaja es que no nos evadiremos del castigo como cuando nos lo aplicamos nosotros mismos, estando a la vez más controlados por asegurarse de que realizamos el plan a seguir de forma correcta.
Estas conductas no solo deben ceñirse a lo observable. Si nos sentimos muy tentados de fumar también debemos comunicárselo a las personas que nos vigilan, para que estén más atentos observándonos para no llegar a poder engañarles fumando sin que nos descubran. Este acto demuestra una gran fuerza de voluntad, siendo tan valorable como realizarlo por nuestra cuenta.